lunes, 20 de junio de 2011

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Cuatro opciones a la hora de reciclar



La búsqueda de alternativas para manejar la basura en Quito, donde cada día se generan 1 800 toneladas de residuos, requiere del compromiso de todos. Para Carlos Sagasti, gerente de la Empresa Metropolitana de Aseo (Emaseo), la mejor opción es que cada persona cambie hábitos de consumo y evite el uso de fundas y empaques.

También llama a reutilizar los objetos en el hogar, especialmente, envases. Otra alternativa en esta cadena es el reciclaje, que permite reintroducir objetos como botellas en un nuevo ciclo de vida. La separación de la basura en el hogar también ayuda, pero depende de una recolección y disposición final adecuadas. Fernanda Solís, encargada del tema de desechos de la Corporación Acción Ecológica, cuestiona el modelo consumista que obliga a comprar comida chatarra y agua embotellada y pide priorizar la soberanía alimentaria, el consumo de lo orgánico y el acceso a fuentes de agua segura. Agrega que si se consumen alimentos naturales y se apuesta por métodos, como el compostaje se mejorará el ambiente del hogar y del planeta. El arte es una opción para darle una nueva vida a desperdicios, dice Susana Verdesoto, artesana y gestora cultural.

Ella cuenta que se pueden hacer esculturas de metal, máscaras de papel y hasta juguetes educativos con desperdicios de tela y cartón. La transformación y procesamiento total de la basura es la propuesta para productos hechos de cartón, metal y plástico (Tetra Pak), los cuales no son biodegradables, pero pueden convertirse en techos, muebles o esferos.

El cambio de hábitos es clave para reducir la basura

Rechace los empaques y fundas (aunque sean biodegradables) que no necesita. Si ya tiene fundas en casa ocúpelas en baños o en la cocina para recolectar desperdicios.
Evite comprar objetos que usen pilas descartables. Si ya los tiene es preferible que compre baterías recargables.

No compre bebidas que vienen en envases PET no retornables. Si lo hace busque sitios donde reciclarles o lávelos y reutilícelos en casa.

Si tiene películas o vídeos que ya no quiere ver, puede intercambiarlas con amigos. Esta es práctica común en varios países.

Si quiere compartir o intercambiar sus películas puede hacerlo en Tumbaco, en el Café Arte, que está ubicado en la González Suárez N17 y Eloy Alfaro.

Cuando tenga ropa, libros o artefactos electrónicos que ya no use puede venderlos en el mercado de pulgas que se hace el primer sábado de cada mes en el Café Arte, que hay en Tumbaco.

Los empleados de almacenes también pueden promover una conciencia ecológica preguntando si sus clientes realmente necesitan empaques.

La imaginación ayuda a darle una nueva vida a la basura

Los envases de vidrio en los que se venden productos como mayonesa, café o mermeladas pueden reutilizarse para guardar granos, tornillos o aretes.

Los restos de las llantas usadas de un auto pueden servir para hacer rodapiés o carteras para guardar monedas.

Los tubos del papel higiénico pueden servir para hacer cuellos de marionetas, cuyas cabezas se hacen con papel usado y restos de tela.

Las monedas que ya no están en circulación pueden usarse en bisutería y convertirse en partes de aretes o collares.

Los tornillos, tuercas, tubos y otros pedazos de chatarra pueden cobrar nueva vida como esculturas, obras de arte o artesanías.

Las revistas que no se usan en casa pueden servir de material didáctico para los niños en edad escolar.

Recuerde que aunque los libros parezcan viejos pueden tener un valor histórico. Si quiere deshacerse de ellos puede donarlos a escuelas o venderlos en sitios de segunda mano.

Los desechos de cartón, cartulina, espuma flex o plástico pueden servir como materiales didácticos en escuelas.

El compostaje es una alternativa para mejorar la tierra

El compostaje permite transformar los desechos orgánicos en fertilizantes naturales (humus) que se pueden usar en maceteros, patios o jardineras de casas y departamentos.

Esta alternativa evitaría que cerca de 4 000 toneladas diarias de residuos orgánicos vayan a parar en botaderos o rellenos del país.

Necesitará un canasto para ropa usada, hojas secas y tierra común que sirve de base. También se pueden usar lombrices como las que Acción Ecológica regala.

Puede rellenar la compostera con restos de comida cruda, cáscaras de huevo, sobres de té y café usados, hojas, flores y servilletas de papel blancas.

Recuerde que esta alternativa no sirve para eliminar frituras, aceite usado o restos de carne.

Debe poner la compostera en un sitio aireado. Esto favorece la presencia de microbios e insectos que descomponen los desechos.

Para una descomposición pareja de los residuos orgánicos hay que regar periódicamente la compostera.

Los puntos verdes se expanden y ayudan al manejo integral de la basura

La separación de orgánicos, plásticos, papel y cartón es resulta efectivo. En los sectores de Tumbaco y Cumbayá se realiza dicha separación.

En estos dos sectores, donde viven 40 000 familias, participan unas 10 000 familias en la clasificación de la basura. Para esto cuentan con puntos verdes de recolección diferenciada, en sus urbanizaciones.

Hay carros que hacen una ruta de recolección diferenciada en 120 puntos verdes de Quito.

Los centros comerciales de Quito, que producen 300 toneladas de basura al mes, también funcionarán como puntos verdes.

Ocho escuelas y colegios y dos universidades también funcionan como puntos verdes, según el plan de Emaseo.
En el Centro Comercial Mall El Jardín ya se hacen colectas de papel, botellas de PET y envases de Tetra Pack.

A finales de julio, Emaseo iniciará un programa para recolectar pilas, aerosoles y otros. La campaña será en los parques: La Carolina, Las Cuadras e Inglés.

Fuente: ( el comercio )


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Pilas: El gran problema




LA CANTIDAD DE BATERÍAS QUE DEJO EN EL MAR EL TSUNAMI DE JAPÓN Y CHILE

Se calcula que:

Una pila de mercurio puede contaminar 600 mil litros de agua;

Una alcalina, 167 mil litros de agua;

Una de óxido de plata, 14 mil litros;

Una de zinc-aire, 12 mil litros;

Una de carbón-zinc, 3 mil litros.


Una sola pila alcalina puede contaminar 175.000 litros de agua (mas de lo que puede consumir un hombre en toda su vida).

BUSCA LOS CONTENEDORES ESPECIALES PARA DESHACERTE DE ELLAS.


¿POR QUÉ CONTAMINAN LAS PILAS?


Las pilas en desuso pueden transformarse en residuos contaminantes, ya que contienen varios tipos de metales pesados, como cadmio, cromo, mercurio, plomo, zinc, manganeso y litio que son sustancias que pueden afectar la salud de los seres vivos.


Cuando las pilas son depositadas con el resto de los desechos comunes, van a parar a vertederos o rellenos sanitarios en donde al descomponerse pierden su protección, liberando los metales pesados que contienen al medio ambiente, contaminando al entorno y a los seres vivos. La mayoría de los compuestos de las pilas y baterías, pueden producir daños en el sistema nervioso, fallas renales, trastornos gastrointestinales y daños hepáticos, es por esta razón que es muy importante desecharlas en un lugar seguro una vez que han terminado su vida útil.

De: Ecología, ruta al paraíso.

(EN EUROPA, NO SE SI EN TODA EUROPA )Una vez recogidas, las pilas se llevan a una planta de reciclaje donde se segregan y se separa los metales peligrosos del resto de materiales que constituyen la pila. Pero, lamentablemente, existen pocas plantas de reciclado de pilas ya que el proceso utilizado requiere una elevada inversión económica.

En España el Ministerio de Medio Ambiente regula los medios de recogida y tratamiento de todos los residuos peligrosos y en particular de las pilas. Existen además fundaciones y asociaciones que colaboran en la labor de gestionar las pilas desechadas por los usuarios.

fuente: http://elblogverde.com/%C2%BFque-hacer-con-las-pilas-usadas/

Reciclaje con el cual se pueden hacer bloque de cemento para, por ejemplo, base de caminos. Las pilas "son guardadas dentro de una botella de plástico. Luego, dentro de la botella se pondrá aserrín seco, que cumplirá la misión de colchón absorbente y se tapará la botella (...)


· En Suecia, desde 1986 se hace recolección de pilas.

· En Suiza se consideran residuos peligrosos.

· En Austria, desde 1991 está prohibido arrojarlas con la basura común.

· En España, desde 1993 ya no se fabrican pilas con alto contenido de mercurio.

· En Alemania, obligan al fabricante y al comerciante a reciclarlas desde 1993.

· En Japón se reciclan."


fuente: http://archivo.abc.com.py/suplementos/rural/articulos.php?pid=235546


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lunes, 2 de mayo de 2011

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Golfo de mexico: A un año del desastre


20 de abril de 2010: la plataforma Deepwater Horizon de BP, perdía el control del pozo de petróleo al que estaba conectada en el golfo de México. Dos días después se incendiaba y hundía llevándose la vida de 11 personas e hiriendo a otras 16. Tenía comienzo el mayor vertido de crudo de la historia de EEUU.

Despues de este suceso y de la creación del Flow Rate Technical Group y la disponibilidad de vídeo de alta resolución, las estimaciones sobre las perdidas de crudo en el golfo de mexico se hicieron más precisas y demostraron ser mucho más elevadas incluso que los cálculos realizados por Ian MacDonald. El Flow Rate Technical Group llegó a la conclusión de que en los primeros días del vertido salió cada día del pozo una cantidad equivalente a 62.000 barriles de petróleo, cantidad que se fue reduciendo a 53.000 al irse vaciando el pozo siniestrado, y alcanzando una cantidad equivalente a 4,9 millones de barriles en el momento en que el pozo fue sellado. El grupo calcula que se recogieron en superficie el equivalente a 800.000 barriles, lo que signifca que se vertieron efectivamente en aguas del Golfo unos 4,1 millones de barriles; aunque la primera estimación revisada por expertos, y publicada en la revista Science en octubre, aumentó esta cifra final hasta los 4,4 millones de barriles.
El estudio de la revista Science llegó a esas conclusiones utilizando la misma metodología que se emplea para medir las fumarolas hidrotermales, una metodología que BP había rechazado en mayo.

Además del petróleo se vertieron también en aguas del Golfo enormes cantidades de gas natural, un “vertido” que no alcanzó los canales de noticias, aunque los científcos se mostraron preocupados por su impacto ambiental. En los estudios más recientes publicados en febrero de 2011 se estima que los hidrocarburos gaseosos pueden haber supuesto el 40% del vertido total en peso 10.

Desde principios de junio, el petróleo vertido se extendió por las costas del Golfo de México y continuó dispersándose durante varios meses a volúmenes y frecuencias variables. Incluso a finales de noviembre de 2010, el petróleo seguía alcanzando las profundidades de las marismas de Louisiana, afectando a crías de cangrejos y camarones. Y a pesar de estos hechos, tanto la industria como el Gobierno, prácticamente desde el inicio del problema, han proclamado a la desesperada el éxito de la eliminación del vertido del Golfo para pasar página cuanto antes.
Quizá el comentario más chocante fue el realizado el 4 de agosto de 2010 por Carol Browner,
la entonces asesora especial del presidente Obama en materia de energía y cambio climático. Browner afirmó que “más de las tres cuartas partes del petróleo han desaparecido. La gran mayoría del petróleo ha desaparecido.” Su afirmación se basaba en un cálculo realizado por una herramienta del Gobierno denominada “Oil Budget Calculator”, que estimaba que el 17% del petróleo se había recuperado en la boca del pozo, el 8% se había quemado o retirado de la superfcie, y el 49% se había dispersado naturalmente o por medios químicos, disuelto o evaporado.
Tal afirmación fue rebatida inmediatamente por científcos independientes.

Michael Blum, de la Universidad de Tulane, señaló que “las estimaciones pueden interpretarse también como indicación de que entre el 50 y el 75% del petróleo permanece en el medio ambiente,” dado que el petróleo dispersado o disuelto no ha desaparecido, sino que sigue en el agua.

Ian MacDonald criticó la conclusión de que se había recuperado un 17% en la boca del pozo: “Nadie se preocupa por el petróleo no vertido,” afirmó, arguyendo que muchas de las cifras ofrecidas eran “puras conjeturas teóricas.” Y continuaba: “Presentar tales especulaciones como hechos científcos no me parece que sea propio de una agencia reguladora responsable. No puedo afirmar a ciencia cierta que sea necesariamente inexacto, pero sostener como dato científco que ha desaparecido del sistema, que se ha biodegradado… lo siento, pero es una tontería.”

Los correos electrónicos recogidos por Greenpeace bajo la Ley de Libertad de Información (FOIA) muestran que esta preocupación era compartida por algunos responsables del informe
en el que Browner basó sus argumentos, y que el Gobierno estaba muy interesado en pintar lo antes posible un escenario positivo. Heather Zichal, entonces adjunta de Carol Browner en la Casa Blanca, afirmó a fnales de julio que estaba “siendo presionada” para finalizar y publicar lo antes posible el “Oil Budget Calculator”.

Bob Perciasepe, administrador adjunto de la Agencia de Protección Ambiental, expresó
su preocupación por la interpretación de los porcentajes de crudo que había sido dispersado
naturalmente y por medios químicos.Argumentó que “los porcentajes son muy someros y en ningún caso deben considerarse precisos” . Y predijo que “estos cálculos son estimaciones muy vagas, pero cuando salgan a la prensa – algo que queremos que suceda – empezarán a tomar vida propia.” Tras la publicación del informe y el comentario de Browner,
la administradora de la NOAA , Jane Lubchenco, envió un correo electrónico dando la impresión de distanciar a su Agencia de todo ello-“Espero que todo el mundo considere que éste fue un informe interinstitucional, no solo de la NOAA” – . Al igual que MacDonald y Blum, tratócon dudas la afirmación central de Browner: “no es exacto afirmar que el 75% del petróleo ha desaparecido.”

Determinar los impactos

En documentos recuperados por solicitudes a la FOIA por parte de Greenpeace se demuestra el gran interés de BP por encauzar la investigación científca sobre el vertido asegurando su presencia en todos los Comités de Evaluación de Daños a los Recursos Naturales. Trataba de ganar autoridad para infuenciar el ámbito al que se dirigían las delegaciones de la NOAA,; esperaba encauzar las investigaciones hacia la “restauración” en lugar de a los impactos, y forzaba un mensaje positivo.

BP financió de manera considerable a investigadores dispuestos a trabajar dentro de los parámetros de la compañía, mientras que otros científcos decidieron rechazar dichas ofertas cuando se les informó de que posiblemente su trabajo se vería implicado en un potencial litigio de defensa contra el Estado o el Gobierno Federal y probablemente no se publicaría en tres años.
Además, varios investigadores independientes se encontraron con la negativa de BP a su petición de acceso a los datos, mientras que los investigadores de la Universidad del Sur de Florida, que fueron de los primeros en anunciar el descubrimiento de los penachos submarinos, afirman que se les ordenó “callar.

Como resultado, Greenpeace envió su buque Arctic Sunrise al Golfo para ofrecer a los científcos independientes una plataforma de investigación. A lo largo de más de dos meses el Sunrise, su tripulación e investigadores invitados estudiaron el Golfo de oeste a este, de arriba a abajo, cerca del lugar del vertido y en puntos más alejados. El Arctic Sunrise se convirtió en la base de apoyo de científcos dedicados al estudio de las esponjas, el plancton, las ballenas, la química y la ecología de los sistemas betónicos.

Si el petróleo no estaba en la superficie y si parecía acumularse en la columna de agua en
cantidades menores de lo que podría haberse esperado, entonces... ¿dónde estaba?
Amon y sus colegas sospechaban que se estaba asentando en el fondo, y así era.
Utilizando una “box core” –un dispositivo de acero que captura lodo del fondo marino y del agua justo por encima – los científcos transportaron a bordo varias muestras desde una profundidad de 4.000 pies (1.300 metros). En varias de las muestras se observó claramente la presencia (a simple vista y por su olor) de petróleo. Por la misma época, los investigadores a bordo del buque de investigación Cape Hatteras encontraron también petróleo en el fondo marino, hasta 140 millas de la boca del pozo.

En noviembre, un equipo de investigadores dirigido por Charles Fisher de la Universidad de Penn State descubrió una comunidad de corales con muchas colonias muertas recientemente y otras seriamente afectadas. Los corales, afrma Fisher, “se han visto afectados hace poco tiempo por algo muy tóxico.” Y añade: “la proximidad del lugar del desastre, la profundidad , la clara evidencia de un impacto reciente y la singularidad de las observaciones sugieren que el impacto detectado guarda relación con la exposición de esta comunidad al petróleo, a dispersante, a la falta de oxígeno, o a alguna combinación de estos u otros efectos transmitidos por el agua como consecuencia del vertido.”

En febrero, Samantha Joye de la Universidad de Georgia publicó los resultados preliminares de la investigación de diciembre mostrando cómo los microbios eliminaban el petróleo del fondo marino mucho más lentamente de lo esperado.

Por otra parte, oficialmente, hasta noviembre de 2010 se habían recogido 6.814 animales muertos, incluidos más de 6.000 aves, casi 700 tortugas marinas y 101 delfnes, marsopas y ballenas. Pero muchas otras víctimas pueden haber pasado desapercibidas, como las aves y otras criaturas que podrían haberse internado en las marismas al intentar escapar del petróleo en tierra.

En marzo de 2011, en un artículo de la revista Conservation Biology se llegó a la conclusión de que la mortalidad total de delfines y ballenas como resultado del vertido puede haber sido 50 veces superior a la estimación original y que podrían haber perecido unas 5.050 sin ser detectadas.

Por otro lado y lamentablemente Shell ha anunciado ya sus planes de perforación de seis pozos en la región en 2012 y 2013, aunque aún no ha presentado solicitudes oficiales para ello.
Aparentemente este entusiasmo por perforar el sector marítimo del Ártico no se ha visto impedido por el anuncio de BP el pasado diciembre de que suspendía toda actividad en su propio campo petrolífero Liberty, en el Mar de Beaufort, debido a “diversos problemas surgidos durante la construcción de la plataforma sobre una isla artifcial.”

En un informe encargado y publicado por el Grupo Pew se deja claro que los planes de la industria petrolera para el Ártico demuestran de nuevo la complacencia y la falta de la toma en consideración de posibles desastres, algo que quedó demostrado claramente por el vertido del Golfo de México. En los planes de contingencia no sólo se obvian asuntos tan importantes como la severidad del clima y la remota ubicación, también se hacen suposiciones extremadamente optimistas. Por ejemplo, se afirma que se eliminaría hasta el 90% de un vertido de petróleo en el mar Ártico, cuando en el vertido del Golfo de México apenas se ha recuperado el 20% y menos del 8% en el accidente de la Exxon Valdez de 1989.

El informe destaca asimismo que no se han desarrollado modelos informáticos para predecir
adecuadamente cómo podría interactuar un vertido de petróleo en el Océano Ártico
con el hielo marino, y que hay muy poca base científca para medir los efectos de un
vertido en los ecosistemas árticos y las redes trófcas que soportan morsas, osos polares y
otros mamíferos marinos que no se encuentran en ningún otro lugar de EE.UU.

Vuelta a la normalidad

El 3 de abril de 2011, los medios de comunicación británicos informaron que BP había negociado un acuerdo con el gobierno de Obama por el que se les permitía
continuar la perforación en aguas profundas en el Golfo de México, unas actividades que
podrían reanudarse a partir del verano de 2011, poco más de un año después
de que se conociera la tragedia de la Deepwater Horizon.42 A la mañana siguiente, Politico resumió la esencia del anuncio en tres palabras: “¿BP: Qué vertido?


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martes, 19 de abril de 2011

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FUKUSHIMA SUPERA LOS NIVELES RADIACTIVOS DE CHERNOBYL


Por Javier Rodríguez Pardo (*)


El gobierno de Japón elevó de cinco a siete el nivel de gravedad en las instalaciones nucleares dañadas y destruidas en Fukushima, utilizando el arbitrario dictamen INES (Escala Internacional de Incidentes Nucleares) para medir la gravedad radiológica. Las contradicciones y omisiones oficiales sobre el desastre nuclear japonés nos permitieron indagar el real impacto de los reactores que se hallan en vías de fusión o literalmente colapsados; en notas anteriores anunciábamos que las emisiones radiactivas de Fukushima superaban holgadamente a las de Chernobyl. ¿Nos adelantamos a la decisión oficial que ahora se hizo pública? El síndrome de la evacuación, del gran éxodo, pende sobre un pueblo que ha comenzado a perder su territorio y aparece la pregunta ¿adónde?


¿Quo vadis Japón?


Cómo fue posible semejante desgracia si los señores del saber nuclear habían ponderado la calidad de las centrales atómicas de Japón, capaces de resistir terremotos de magnitud nueve en la escala de Richter, al mismo tiempo que culpaban a los profesionales locales de no haber sabido predecir un tsunami tan devastador, como si la culpa fuera de olas de quince metros cuando se esperaban algunas de un tamaño muy inferior. En esta correlación, no explicaban que las piscinas refrigerantes de desechos nucleares (combustible nuclear gastado que debe enfriarse por 25 o más años), se habían agrietado debido al movimiento sísmico y no por el maremoto posterior, y que los tambores conteniendo los desechos radiactivos de alta actividad, ubicados en instalaciones contiguas, nunca fueron mencionados ni se aludía a su peligrosidad, ni donde se hallaban o en que estado habían quedado después de la violenta ola que los sacudió y revolvió brutalmente como si fueran hojas de papel; residuos que permanecerán activos por cientos de miles de años -hay que recordarlo- y que aún el hombre no ha procedido a aislarlos de manera definitiva. (Esperamos conocer el destino de esos recipientes deletéreos o el estado en que se hallan después del cataclismo). Mientras tanto las imágenes develaban la verdad disimulada en innumerables contradicciones entre técnicos, especialistas y gobiernos de distintas latitudes que sentenciaban la gravedad de Fukushima.

La seguridad de las centrales japonesas -en plena tragedia- era única en su género, fue diseñada para soportar terremotos inimaginables, advertían sesudos peritos, en el mismo instante en que, en el teatro de los sucesos, comenzaba la trama heroica de un grupo de técnicos que se inmolaba para salvar a sus congéneres, intentando enfriar, cubrir y acorazar a un reactor fusionado, tarea que resultó insuficiente. La proximidad del mar habilitaba el uso del agua, destructora de los metales del reactor, en último recurso para reducir la temperatura del núcleo averiado, a pesar de que aún se lo anunciaba como medianamente en estado de fusión, urdiendo de ese modo una de las mayores mentiras de la historia nuclear.

Menos mal que pasó en Japón, repetían insistentes las cadenas internacionales de noticias, ignorando acaso que esa misma isla había padecido decenas de fugas radiactivas de gran intensidad, sin fenómenos de terremotos o tsunamis a la vista, pero con la presencia -en un pasado reciente- de miles de manifestantes exigiendo el cierre de las centrales. Japón, al igual que los barones nucleares de occidente, acudió a la indecencia discursiva para afirmar que “aquí no pasa nada que no esté controlado”.

Fukushima permite elaborar una lista interminable de falsedades, engaños digitados por funcionarios, técnicos y expertos que minimizaban la tragedia convirtiendo al holocausto nuclear japonés en un genocidio justificado por una inconcebible adversidad. Fue la adversidad, proclamaron.

La misma hipocresía cientificista, capaz de afirmar que sólo treinta y cinco fueron los muertos de Chernobyl, deambula por los medios informativos en países de distinto signo: que Fukushima no representa peligro para la salud, que todos los equipos de seguridad funcionaron normalmente, que el sistema japonés previó una última coraza de hormigón impidiendo que la vasija con el núcleo se expusiera a cielo abierto, que la emisión radiactiva es semejante a la producida por un par de radiografías, que la radiación está controlada, que con el agua de mar inutilizaremos a los reactores pero habremos sofocado las emisiones radiactivas, fue una muletilla constante que se superponía con imágenes de las gigantescas cajas de hormigón destruidas y humeantes cubriendo los reactores. El viejo mensaje de que Fukushima no es Chernobyl demuele las argucias de la tecnocracia nuclear al reconocer ahora que ambas centrales se hallan en el mismo nivel siete en la escala INES.

De pronto la radiación alcanzó la bastedad del mar, primero a treinta kilómetros, enseguida superó los ochenta, leve y no significativa para la cadena trófica, argüían los voceros de la empresa y del gobierno, sin justificación alguna al reconocer elevados índices de radiación registrados en continentes lejanos. El agua, vehículo que comunica todo a la biosfera, se suma a la nube tóxica que también trasporta los radionucleidos en la gran campana. Nuestros registros, -comparativos con infortunios semejantes-, nos permiten afirmar que el caso Fukushima es mucho más grave que el de Chernobyl, en tanto contiene por lo menos cuatro veces más combustible que la unidad nuclear ucraniana. Aprendimos de Chernobyl y de las miles de fugas radiactivas de las plantas nucleoeléctricas, a descreer de los cultores de una tecnología que definen como de punta, barata, limpia y segura.

Ahora resulta que es barata porque las empresas no invirtieron en la seguridad que requieren las plantas (eso le achacan a la compañía eléctrica que gestiona Fukushima) y no dicen que es cara porque en realidad cuesta más la gestión del residuo radiactivo que la energía misma. Es sucia, por la misma cualidad anterior y porque en todo el proceso de la cadena nuclear se produce más escoria radiactiva que beneficios energéticos, en la molienda y colas de la minería, en la producción del dióxido de uranio, en los cementerios nucleares que quedarán vigilados eternamente, al ser decomisadas las centrales al cabo de su vida útil, en el reprocesamiento del combustible nuclear gastado, verdadero “licor de brujas” en opinión de quienes tienen la responsabilidad de reciclarlo, en las labores de las plantas nucleares en actividad y en la gestión de los residuos radiactivos, arrojados inescrupulosamente a los océanos o esperando repositorios definitivos que contengan los radionucleidos a perpetuidad. Al día de hoy no existe repositorio de residuos radiactivos de alta actividad en el mundo, y aquellos países que lo intentaron fracasaron. Hasta el PRAMU argentino, Proyecto de Remediación de Minas de Uranio, es una cruel falacia, con las minas de uranio abandonadas a sabiendas que contienen más del 70% del decaimiento del uranio 238, partículas cancerígenas expuestas a la complejidad climática, aún sin gestión definitiva.

Fukushima no puede ocultar la constante fuga radiactiva ni el impacto radiológico que sufre el planeta.

Hallan restos de yodo radiactivo en el agua corriente de Tokio y de otras ciudades y altos niveles de radiación en la leche, en verduras y hortalizas producidas en la región afectada, fue un lacerante titular. Todo el territorio se vio impactado radiológicamente en la atmósfera, en suelos, agua potable y mar. Y esto continuará por muchísimo tiempo. Entonces es hora de advertir a la población de la gran mentira oficial que minimiza los niveles de radiación de alimentos como los hallados en la espinaca, “semejante a una quinta parte de la que puede recibir un humano en una placa de rayos X”, información que oculta deliberadamente el carácter acumulativo de la radiactividad.

Por lo pronto se están utilizando aeronaves sin piloto que fotografían y estudian las plantas nucleoeléctricas. Un helicóptero teledirigido francés se halla en camino de Fukushima, única forma segura de investigar las centrales dañadas y las que también recibieron impactos menores. Las piscinas de los reactores 5 y 6 aumentaron considerablemente la temperatura, las bombas de refrigeración no funcionan, hay escapes radiactivos y sus núcleos están en virtual desmadre. Otras informaciones avisan que las bombas refrigerantes actúan pero que la temperatura no baja sustancialmente.

Los reactores 1, 2 y 3 se hallan en nivel máximo de gravedad, la propia empresa TEPCO anunció las dificultades para dotar de energía y de refrigeración a sus núcleos. El reactor 4 es otro de los averiados que también subió de categorización en la escala INES (ha superado 100.000 veces los niveles normales de radiactividad). “Las sustancias radiactivas parecen difundirse hacia el norte”, en opinión de la empresa propietaria de las plantas, Tokio Electric Company (Tepco), admitiendo que niveles importantes de estroncio 90, cesio 137 y yodo 131se registraron a 80 kilómetros de Fukushima.

Si hasta ahora el nivel de radiación equivale a un 10% del emitido por la planta soviética de Chernobyl (razonaba un agente de seguridad japonés), induce a pensar que lentamente Fukushima sobrepasará los niveles de aquella. Habrá que modificar la escala porque el nivel siete en la gradación INES fue superado.


¿Por qué aseguramos esto?


Porque cuatro unidades de Fukushima en estado de fusión, con piscinas rajadas y continuas emisiones de radiación, contienen casi mil toneladas de uranio, equivalente a cuatro veces la del reactor 4 de Chernobyl. Los escapes testeadas en territorio y aguas japonesas provienen de esas barras almacenadas que incluyen el combustible gastado refrigerándose en las piscinas y no tenemos en cuenta (porque lo desconocemos) la cantidad de residuos radiactivos de alta actividad alojados en los tambores contiguos a las plantas. El propio operador de la empresa Tepco, Junichi Matsumoto, reconoció que la cantidad de radiactividad liberada podría superar a la de Chernobyl en caso de persistir las fugas, sin tener en cuenta, hasta el momento, que el yodo 131 emitido en Fukushima es el doble del liberado por la central ucraniana.

El territorio se reduce, la isla empequeñece, la naturaleza ejerce su dominio. Recorrer un mapa de la nación japonesa implica detener la mirada en las ciudades del sur, Hiroshima y más abajo Nagasaki, reflejo inevitable de la memoria. El norte de Tokio fue sacudido con violencia por el terremoto y los primeros anuncios apuntaban a la planta nuclear de Onagawa, envuelta en llamas. La costa norte del Pacífico (Sengai) fue la más golpeada por la triple tragedia que parece inacabable, terremoto, maremoto y radiación. La ciudad imperial, Osaka, aparece como el límite habitable hacia el sur, pero no alcanza para un pueblo que tendrá que repensar el país y bucear fuerzas en su vieja cultura, ahora occidentalizada y signada por una economía, la tercera mayor mundial después de Estados Unidos y China. ¿Es este el camino? Por eso nuestra pregunta ¿Quo vadis Japón?, también válida para el planeta. Por lo pronto habrá que ir imaginando nuevos sitios, otras islas y otro hábitat que suplante los territorios irradiados del norte. No es ilógico pensar que Japón se ve obligado a delinear un nuevo camino partiendo de un kilómetro cero, no sólo evitando desarrollar energías destructivas o de efímera eficacia, sino replanteándose el sentido de la vida. Japón es también un caso testigo para todos, punto de inflexión de un mundo cegado por el consumo, devorador de futuro.



(*) Javier Rodríguez Pardo, Movimiento Antinuclear del Chubut (MACH) Contacto: (011) 1567485340 Red Nacional de Acción Ecologista (RENACE)-Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC). machpatagonia@gmail.com(www.machpatagonia.com.ar)


Javier Rodríguez Pardo

Movimiento Antinuclear del Chubut (MACH)

Sistemas Ecológicos Patagónicos (SEPA)

Red Nacional de Acción Ecologista (RENACE)

Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC)

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viernes, 25 de marzo de 2011

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Plástico hallado en el estómago de una sola tortuga



Cientos de fragmentos revelan la amenaza que los escombros flotantes en nuestros mares representan para la fauna salvaje.
Esta colección de cientos de coloridos fragmentos dentados bien podrían ser una pieza de arte abstracto. Sin embargo los objetos en la fotografía son el contenido hallado en el estómago de una tortuga marina que perdió su batalla contra la contaminación por plásticos.

Los conservacionistas examinaron el estómago de la joven tortuga hallada frente a las costas de Argentina. La multitud de escombros que hallaron es sintomático de la creciente amenaza para las tortugas marinas derivado de una adicción humana al plástico.

Las tortugas marinas a menudo confunden los objetos plásticos por medusas u otros alimentos. La ingestión de contaminación oceánica no-biodegradable puede provocar una obstrucción digestiva y laceraciones internas. El resultado puede ser la debilitación seguida de la muerte.

Los humanos actualmente producen 260 millones de toneladas de plástico al año. Cuando estos productos son arrastrados hacia las corrientes marinas, los plásticos no se biodegradan pero son fragmentados en trozos más pequeños que acaban ingeridos por la vida marina en la base de la cadena alimentaria. Un examen de la obstrucción gastrointestinal en una tortuga verde hallada frente a la costa de Florida descubrió que, durante el curso de un mes, las heces del animal habían contenido 74 objetos extraños, incluyendo "cuatro tipos de globos de latex, distintos tipos de plástico duro, un trozo de material parecido a la moqueta y dos bolas de alquitrán de entre 2 y 4 mm.

El mayor vertedero es el Vórtice del Pacífico Norte, conocido como el Gran Parche de Basura, del tamaño de Texas y con unos 3,5 millones de objetos plásticos que van desde juguetes hasta cepillos de dientes.

"Los océanos se han convertido en un cubo de basura gigante para toda clase de formas plásticas. Todas las especies de tortugas son particularmente propensas y pueden resultar gravemente afectadas," según informan los biólogos Colette Wabnitz de la Universidad de la Columbia Británica, y Wallace Nichols, de la Academia de Ciencias de California. En "Plastic Pollution: An Ocean Emergency", escriben: "Es probable que el estudio continuado sobre los impactos del plástico en el medio ambiente del océano y en la salud humana concluya que el problema es peor de lo que en realidad entendemos."

Prácticamente todas las especies marinas, desde el plankton hasta las ballenas, han ingerido plástico, sin embargo, incluso en pequeñas cantidades, el plástico puede matar tortugas marinas debido a una obstrucción del esófago o una perforación del intestino, dicen los biológos.

Cincuenta de las 92 tortugas marinas halladas muertas o embarrancadas en los litorales del estado de Río Grande del Sur, en Brasil, habían ingerido una 'considerable cantidad de escombros sintéticos."

Debido a que las tortugas marinas jóvenes se alimentan indiscriminadamente de material pelágico, 'son comunes casos elevados de plástico en el tracto digestivo de estas pequeñas tortugas," escriben los biológos.

Ambos piden a la gente que ayuden a reducir la amenaza de plásticos durante sus visitas a áreas costeras llevando consigo bolsas reutilizables y recipientes para alimentos así como evitar las bebidas en botellas de plástico.

Fuente: http://www.independent.co.uk/environment/nature/the-plastic-found-in-a-single-turtles-stomach-2251230.html

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